
Café Al-Nofara: donde las historias de Damasco siguen vivas
En el corazón de la Ciudad Antigua de Damasco, a pocos pasos de la majestuosa Mezquita de los Omeyas y del histórico zoco Al-Hamidiyah, se encuentra uno de los cafés más antiguos y emblemáticos de Siria: el Café Al-Nofara. Desde hace más de dos siglos, este lugar ha sido un punto de encuentro para comerciantes, viajeros, intelectuales, artistas y vecinos de la ciudad, convirtiéndose en un auténtico símbolo de la vida social damascena.
El nombre proviene, según la explicación más formal, de la palabra árabe “nawfara”, que significa “fuente” o “surtidor de agua”. Antiguamente existía junto al café una fuente alimentada por un brazo del río Barada, y con el tiempo el establecimiento adoptó ese nombre, evocando el sonido y la frescura del agua en el corazón de la antigua Damasco.
Sin embargo, la tradición popular ofrece una explicación mucho más poética. Muchos damascenos cuentan que el nombre se relaciona con el milagro atribuido a la reliquia de San Juan Bautista, cuya cabeza, según la tradición, se conserva en la Mezquita de los Omeyas, situada frente al café. Se dice que, cuando la sangre del santo brotaba milagrosamente de la tumba o de la reliquia, el pueblo llamaba a ese prodigio “nofara”, y que con el paso del tiempo ese nombre quedó asociado al histórico café. Aunque esta versión pertenece al ámbito de la tradición oral y no de la historia documentada, forma parte del rico patrimonio de leyendas que han acompañado durante siglos a la ciudad de Damasco y contribuyen al encanto del Café Al-Nofara.
Su arquitectura conserva el encanto tradicional de las antiguas casas damascenas. El café posee un patio pavimentado con piedra basáltica negra, pequeñas mesas de madera, sillas de mimbre y una decoración sencilla que invita a detener el tiempo. Desde su entrada puede contemplarse el constante ir y venir de los visitantes que recorren las estrechas callejuelas del casco histórico, mientras el llamado a la oración desde la Mezquita de los Omeyas se mezcla con el murmullo de las conversaciones y el aroma del café árabe recién preparado.
Pero lo que ha dado fama internacional al Café Al-Nofara no es solamente su antigüedad, sino una tradición que ha sobrevivido durante generaciones: la presencia del hakawati, el narrador oral o cuentacuentos.
La palabra hakawati proviene del árabe ḥikāya, que significa “relato” o “historia”. Mucho antes de la aparición de la radio, la televisión o internet, el hakawati era el gran transmisor de historias y conocimientos populares. Cada noche ocupaba un asiento elevado en el centro del café, vestido con el traje tradicional damasceno, un fez rojo sobre la cabeza y, muchas veces, sosteniendo una espada o un bastón que utilizaba para dar dramatismo a la narración. Con una voz potente, una memoria extraordinaria y un gran talento teatral, relataba durante horas las epopeyas de héroes legendarios como Antar ibn Shaddad, las aventuras del sultán Baybars, Saladino o relatos inspirados en Las mil y una noches.
El público no era un simple espectador. Los asistentes reían, se emocionaban, comentaban e incluso anticipaban algunos pasajes de las historias, convirtiendo cada velada en una experiencia compartida. El hakawati no solo entretenía: transmitía valores como el honor, la valentía, la generosidad, la lealtad y el respeto por la palabra dada, convirtiéndose en un verdadero educador popular.
Aunque la modernidad transformó profundamente las formas de entretenimiento, el Café Al-Nofara continúa preservando esta tradición. Especialmente durante las noches del mes de Ramadán, el hakawati vuelve a ocupar su lugar para cautivar tanto a damascenos como a visitantes de todo el mundo, manteniendo viva una de las expresiones más representativas del patrimonio cultural sirio. Muchos lo describen como “la televisión de antes”, cuando las historias se transmitían de viva voz y la imaginación era el escenario donde todo cobraba vida.
Visitar el Café Al-Nofara es mucho más que tomar un café o compartir un té. Es ingresar a un espacio donde el tiempo parece detenerse, donde cada piedra guarda un recuerdo y donde las historias siguen pasando de una generación a otra, recordándonos que la identidad de un pueblo también se conserva a través de la palabra. En una ciudad considerada una de las más antiguas habitadas continuamente del mundo, el Café Al-Nofara permanece como un símbolo de la memoria viva de Damasco y del profundo valor que la cultura siria concede a la tradición oral.